Atención pido al silencio y silencio a la atención,
que voy en esta ocasión,si me ayuda mi memoria,
a mostrarles que a mi historia le faltaba lo mejor.
Viene uno como dormido cuando vuelve del desierto;
veré si a esplicarme acierto entre gente tan bizarra,
y si al sentir la guitarra de mi sueño me dispierto.
Siento que mi pecho tiembla, que se turba mi razón,
y de la vigüela al son imploro a la alma de un sabio
que venga a mover mi labio y alentar mi corazón.
Si no llego a treinta y una de fijo en treinta me planto,
y esta confianza adelanto, porque recibí en mí mismo
con el agua del bautismo la facultá para el canto.
Tanto el pobre como el rico la razón me han de dar;
y si llegan a escuchar lo que esplicaré a mi modo,
digo que no han de reir todos, allgunos han de llorar. (...)
El campo es del inorante, el pueblo del hombre estruido,
yo que en el campo he nacido digo que mis cantos son,
para los unos... sonidos, y para los otros... intención.
Yo he conocido cantores que era un gusto escuchar;
mas no quieren opinar y se divierten cantando;
pero yo canto opinando, que es mi modo de cantar. (...)
Brotan quejas de mi pecho, brota un lamento sentido;
y es tanto lo que he sufrido y males de tal tamaño,
que reto a todos los años a que traigan el olvido. (...)
He visto rodar la bola y no se quiere parar,
al fin de tanto rodar me he decidido a venir
a ver si puedo vivir y me dejan trabajar.
Sé dirigir la mansera y también echar un pial,
sé correr en un rodeo, trabajar en un corral.
Me sé sentar en un pértigo lo mesmo que en un bagual.
Y empriéstenme su atención si ansí me quieren honrar,
de no, tendré que callar pues el pájaro cantor
jamás se para a cantar en árbol que no da flor.
Hay trapitos que golpiar, y de aquí no me levanto;
escúchenme cuando canto si quieren que desenbuche.
Tengo que decirles tannto que les mando que me escuchen.
Déjenme tomar un trago, éstas son otras cuarenta,
mi garganta está sedienta y de esto no me aborchono,
pues el viejo como el horno por la boca se calienta.
Triste suena mi guitarra y el asunto lo requiere.
Ninguno alegrías espere sino sentidos lamentos,
de aquel que en duros tormentos nsce, crece, vive y muere.
Es triste dejar sus pagos y largarse a tierra ajena
llevándose la alma llena de tormentos y dolores,
mas nos llevan los rigores como el pampero a la arena.
¡Irse a cruzar el desierto lo mesmo que un foragido,
dejando aquí en el olvido, como dejamos nosotros,
su mujer en brazos de otro y sus hijitos perdidos!
¡Cuántas veces al cruzar en esa inmensa llanura,
al verse en tal desventura y tan lejos de los suyos,
se tira uno entre los yuyos a llorar con amargura!
En la orilla del arroyo solitario lo pasaba,
en mil cosas cavilaba, y a una güelta repentina
se me hacía ver a mi china o escuchar que me llamaba.
Y en las aguas serenitas bebe el pingo trago a trago,
mientras sin ningún halago para uno hasra sin comer,
por pensar en su mujer, en sus hijos y en su pago.
Recordarán que con Cruz para el desierto tiramos.
En la pampa nos entramos, creyendo por fin del viaje
a unos toldos de salvajes, los primeros que encontramos.
La desgracia nos seguía, llegamos en mal momento;
estaban en parlamento tratando de una invasión,
y el Indio en tal ocasión recela hasta de su aliento.
Se armó un tremendo alboroto cuando nos vieron llegar,
no podíamos aplacar tan peligroso hervidero;
nos tomaron por bomberos y nos quisieron lanciar.
josé Hernández, El gaucho Martín Fierro, En:
Clásicos Hispanoamericanos, Tomo I, Barcelona,
Círculo de lectores, 1983
1. ¿Cuál es el tono del cantor?
2. ¿Qué tipo de palabras identifican al gaucho?
3. ¿Cuál es el tema de este fragmento?
4. Consulta y responde ¿Cómo es la pampa?
5. ¿Quiénes fueron históricamente los gauchos?
6. ¿Exixten gauchos hoy?
7. ¿Por qué los gauchos fueron convertidos en hombres sin tierra?
8. Consulta qué es un cielito y qué una payada.
9. ¿En qué se diferencian las coplas presentadas en el fragmento a las que conoces hoy en día?
10. Escribe una copla que hable de nuestra geografía, costumbres y en contraste de la vida en el campo y en las ciudades de hoy.